Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio hedonista

Para que resulte más intuitiva la acción de este demonio de la economía, comparemos la generación de nuestra postguerra con la actual.

Los veinte años que siguienron a la guerra civil, fueron años de pobreza e incluso de hambre. Basta decir que hasta 1954 no alcanzamos otra vez la renta per capita que teníamos en 1932. En 1939 fue necesario crear las cartillas de racionamiento, que habrían de mantenerse hasta 1952. Tras la derrota de Hitler y Mussolini, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial nos impusieron un bloqueo económico que agravó todavía más la situación. La estampa de los coches cargados con un gasógeno, tan habitual desde que EE.UU. cortara el suministro de petróleo, podría ser un símbolo de aquella época. Todavía en 1964 -según una interesante encuensta realizada por encargo de la revista Selecciones del Reader’s Digest- eran muchos los españoles, sobre todo entre las pequeñas ciudades, en el campo y en las clases modestas (entonces mayoritarias), que no habían salido de la España pobre y atrasada. Su mundo era el de siempre: planchas de hierro, hornillas económicas, colchones de borra (cuando no de farfolla), fresqueras, neveras, jabón de cocina, papel de estraza o de periódico en el retrete, agua en baldes y lebrillos, traje o vestido de los domingos, navaja y cuchillas de afeitar, fajas, refajos, alpargatas, toquillas… Continuar leyendo “Los demonios de la economía andan sueltos”

Share