Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio de lo nuevo

Como es sabido, hoy las industrias procuran disminuir la vida útil de sus productos con el fin de garantizar ulteriores ventas. Para ello recurren, en primer lugar, al desgaste técnico, fabricando los productos con materiales cuya duración han limitado artificialmente (lo cual, por cierto, supone a menudo unos costes mayores) y procurando que las reparaciones no resulten rentables. Es lo que se conoce como la obsolescencia programada.

Es inevitable que, mientras los costes de fabricación se reducen progresivamente como consecuencia de la automatización, los costes de reparación, al ser por lo general operaciones manuales, tiendan a crecer. Pero a eso se añade que los repuestos tienen unos precios artificialmente elevados y suelen escasear, cuando no faltar por completo (ninguna industria de confección, por ejemplo, incluye hoy con la camisa un cuello y unos puños de repuesto, como pasaba antiguamente). Otra estrategia muy generalizada consiste en procurar el desgaste psicológico de los bienes de consumo, cambiando a menudo los modelos y las modas para que, aun cuando estén todavía en buen uso, dejen de resultar atractivos a sus poseedores.

Como es obvio, donde se ha reducido al mínimo el periodo de vida útil de los objetos es en los llamados «de un solo uso», que cada vez son más frecuentes, desde los pañales infantiles hasta los pañuelos de papel, pasando por los platos y los vasos de plástico, los envases desechables e incluso los trajes de novia de papel.

Con estas estrategias comerciales ha pasado a la historia el afecto entrañable de nuestros abuelos por sus cosas «de toda la vida» (los muebles que compraron al casarse, la vajilla que les regalaron, etc). Los intereses de la economía han logrado convencernos de que seremos más felices renovando continuamente nuestro equipamiento. Estamos en la cultura del «tírese después de usarlo».

Pero de nuevo se agolpan los interrogantes. Si nos acostumbramos a tirar los objetos tan pronto como han cumplido su función y, a menudo, cuando todavía son técnicamente utilizables, ¿no acabaremos actuando de la misma forma con las personas? De hecho, las relaciones interpersonales son cada vez más fugaces.

¿No estaremos adoptando, sin advertirlo, una forma de pensar que induce a equiparar lo nuevo con lo mejor, y no trasladamos erróneamente semejante actitud a la literatura y la filosofía, de suerte que ya no leemos sino las novedades que aparecen en el mercado? En «El ser y el tiempo» , Heidegger tipificó como sujetos de existencia inauténtica a los «ávidos de novedades», siempre agitados por ese compulsivo afán de «buscar solo lo nuevo para saltar de ello nuevamente a algo nuevo». Son individuos que «carecen de paradero» y viven en «constante desarraigo existencial».

Autor: Luis González-Carvajal Santabárbara

 

Un gran documental sobre obsolescencia programada, pudimos verlo en RTVE: http://www.rtve.es/alacarta/videos/el-documental/documental-comprar-tirar-comprar/1382261/

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