La comisión silenciosa

Comisión silenciosa bancaria

Con el ánimo de mejorar sus márgenes de beneficio el sector oligopolístco bancario de nuestro país trata de estrujar a los ciudadanos a través de comisiones de cualquier naturaleza: comisiones de mantenimiento, de administración, por descubiertos… En muchos de los casos, abusivas y saltándose la legislación vigente a la torera. Por eso os animo a reclamarlas siempre que consideréis que son de este tipo.

Estos hechos se están llevando a cabo con el consentimiento del Banco de España, que observa cómo las tasas del IPC bancario crece a tasas superiores al 20% a la vez que la economía de nuestro país tontea con la deflación.
Pero ninguna de estas comisiones es a la que hoy quiero dedicar este pequeño artículo en el blog, sino a las comisiones subrepticias que han ido surgiendo en las entidades en los últimos lustros y que se han ido materializando de diversos modos: “las comisiones silenciosas”.
La más importante y sangrante ha sido el cierre de oficinas que ha obligado a muchos clientes a desplazamientos a lugares alejados del lugar de residencia, principalmente en zonas rurales. La crisis no es una justificación a este hecho, puesto que este proceso comenzó a producirse mucho antes de la llegada de la misma, en aras a la maximización de beneficios de las entidades. Oficinas que, en muchos casos, no eran deficitarias. Otro caso parecido aunque no tan doloso, es el cierre algunas oficinas en periodos de vacaciones, que también acentúa la siguiente comisión silenciosa…

La reducción de personal que atiende a los clientes, hace que recibamos un peor servicio y ello sin contar la rotación a la que se ven sometidos los trabajadores bancarios, lo que facilita a las entidades el donde dije digo, digo Diego, acontecimiento que ha llevado a las entidades bancarias a numerosas causas judiciales, de las cuales han salido condenados en multitud de casos: cláusulas suelo, seguros de cobertura de tipo de interés (Internet Rate Swap) o el caso de las preferentes, son ejemplos de lo que comento.

Del mismo modo, la imposición de horarios -e incluso de días específicos- para la realización de determinadas operaciones provoca el trastorno del cliente de la entidad: como muestra de esto podemos indicar el pago de recibos o el aviso previo para la disposición de importes de la cuenta en la que uno es titular.

Además, determinadas operaciones solo se pueden efectuar en oficinas concretas, no pudiendo ejecutarse en la oficina habitual de la que uno es cliente, con la consiguiente perturbación que ello supone en el quehacer diario.

A todo ello, podemos añadir muchas otras comisiones ocultas: los fallos de los programas informáticos, la falta de remuneración de saldos depositados en cuentas, el incorrecto funcionamiento de los cajeros automáticos o la sesgada defectuosa información facilitada por personal bancario, en muchos casos no preparado más que para realizar funciones comerciales y al que, si se le pregunta con mayor profundidad sobre el producto que te está vendiendo asesorando, se pierde sin saber qué contestar.

 

Como consecuencia de esto, las colas crecen en las oficinas, las gestiones bancarias nos hacen perder un valioso tiempo, los iracundos comentarios de la clientela son soportados por el personal bancario rotatorio y las reclamaciones a los servicios de atención al cliente de las entidades y al banco de España crecen exponencialmente. ¿Tendremos que volver a ver al cobrador de recibos visitando casa por casa?

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