Deflación

España está en deflación. Por fin ya es oficial. Además, gran parte de los países europeos también han entrado en deflación oficialmente.

Algunos llevamos tiempo diciéndolo y otros -muy pocos- como Mario Conde lo pronosticaron ya en el año 2009, cuando muchos gurús pronosticaban una hiperinflación que “pagaría” los altos niveles de endeudamiento público. [Tenía que decirlo, pero es que le tengo un cariño especial a este señor. Aunque no comparto sus ideas políticas, no apoyo sus actos de estafa y apropiación indebida].

Pero, ¿qué es la deflación? ¿es buena o es mala? ¿por qué les cuesta tanto a los políticos reconocer que hemos entrado en deflación? Continuar leyendo “Deflación”

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Las penalizaciones por incumplir la permanencia en compañías de telefonía

Cuando firmamos contratos con las compañías de telefonía, en muchos casos, nos atamos también a un compromiso de permanencia. Estos compromisos tienen una duración de varios meses y, si no cumplimos el trato, nos penalizarán (o, al menos, lo intentarán).

Lo que muchos usuarios no saben es que existen mecanismos para no tener que pagar al marcharse de la compañía antes de tiempo: fundamentalmente los incumplimientos de contrato por parte de la operadora de telefonía. Los incumplimientos más comunes, suelen ser:
– No existe preaviso de 1 mes por cambio en las condiciones del contrato.
– Cambio en la tarifa sin aviso previo.
– Alta en servicios sin consentimiento del cliente.
– Cobro de llamadas no realizadas.
– Falta de cumplimiento de alguno de los compromisos pactados. Esto puede traducirse en una deficiencia de la calidad pactada, por ejemplo en servicios de navegación por internet o velocidad de los mismos.

Cláusulas permanencia compañías de Telefonía penalización por permanencia

Pero, ¿y si quiero irme y no ha habido incumplimiento por parte de la compañía de telefonía? De este asunto va a tratar este artículo. Continuar leyendo “Las penalizaciones por incumplir la permanencia en compañías de telefonía”

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Marcas blancas y marcas de distribuidor, ¿quién las fabrica?

Durante los últimos años, los precios de los productos se han ido incrementando. Como consecuencia de ello, los consumidores sufrimos cada vez más dificultades a la hora de realizar nuestras compras, razón por la que buscamos otras alternativas con el fin de reducir gastos y, a ser posible, mantener la calidad de lo adquirido. Una de estas alternativas consiste en la adquisición de las marcas blancas y las marcas de distribuidor.

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Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio de la competencia

La economía gremial que funcionó entre los siglos XI y XVIII, era un sistema basado en la cooperación, que buscaba la máxima igualdad posible entre todos los agremiados. En cambio, la economía capitalista que la sustituyó se basa en la competencia, considerando que de esta forma se seleccionan aristocracias naturales y espontáneas, élites abiertas. El primer principio de la sociedad liberal dice: “Cada uno que mire por sí y al último que se lo lleve el diablo”.

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Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio de lo nuevo

Como es sabido, hoy las industrias procuran disminuir la vida útil de sus productos con el fin de garantizar ulteriores ventas. Para ello recurren, en primer lugar, al desgaste técnico, fabricando los productos con materiales cuya duración han limitado artificialmente (lo cual, por cierto, supone a menudo unos costes mayores) y procurando que las reparaciones no resulten rentables. Es lo que se conoce como la obsolescencia programada.

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Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio hedonista

Para que resulte más intuitiva la acción de este demonio de la economía, comparemos la generación de nuestra postguerra con la actual.

Los veinte años que siguienron a la guerra civil, fueron años de pobreza e incluso de hambre. Basta decir que hasta 1954 no alcanzamos otra vez la renta per capita que teníamos en 1932. En 1939 fue necesario crear las cartillas de racionamiento, que habrían de mantenerse hasta 1952. Tras la derrota de Hitler y Mussolini, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial nos impusieron un bloqueo económico que agravó todavía más la situación. La estampa de los coches cargados con un gasógeno, tan habitual desde que EE.UU. cortara el suministro de petróleo, podría ser un símbolo de aquella época. Todavía en 1964 -según una interesante encuensta realizada por encargo de la revista Selecciones del Reader’s Digest- eran muchos los españoles, sobre todo entre las pequeñas ciudades, en el campo y en las clases modestas (entonces mayoritarias), que no habían salido de la España pobre y atrasada. Su mundo era el de siempre: planchas de hierro, hornillas económicas, colchones de borra (cuando no de farfolla), fresqueras, neveras, jabón de cocina, papel de estraza o de periódico en el retrete, agua en baldes y lebrillos, traje o vestido de los domingos, navaja y cuchillas de afeitar, fajas, refajos, alpargatas, toquillas… Continuar leyendo “Los demonios de la economía andan sueltos”

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Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio egocéntrico

Como es sabido, el sistema capitalista considera que la búsqueda del lucro personal debe ser el motor de la actividad económica. Alfred P. Sloan –uno de los grandes hombres del mundo empresarial, que estuvo cuatro años al frente de General Motors- escribió en sus memorias: “Supusimos que el primer propósito al hacer una inversión de capital es el establecimiento de un negocio que pague dividendos satisfactorios y preserve y aumente el valor del capital. El objeto primario de la Corporación, por lo tanto, y así lo declaramos, era hacer dinero y no solamente coches”. A veces se dice de forma todavía más clara: el lema corporativo de la compañía Amstrad era “queremos su dinero”.

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Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio de la avaricia

El segundo demonio de nuestra economía es la obsesión por acumular dinero. El dinero comenzó siendo un medio de pago para medir el valor de las cosas y facilitar los intercambios comerciales. Hasta aquí no hay nada que oponer; sin dinero tendríamos que volver a los trueques directos de aquellos mercados aldeanos a los que acudían los labriegos con una cabra y se volvían con un par de zapatos nuevos.

Pronto -desde luego mucho antes del advenimiento del capitalismo- el dinero empezó a ser buscado por sí mismo como una forma de acaparar riquezas y, con ellas, poder. Suele citarse como prototipo de comerciante movido por la pasión del dinero un hombre de finales del siglo XI: Goderico de Finchale. Pero algo cambió con la llegada del capitalismo. Como muy bien hace notar José Mª Mardones, Goderico de Finchale vivió en el fondo atormentado por la amenaza de condenación eterna que pesa sobre aquellos que se dejan arrastrar por la avaricia. Su conversión, su entrada en un monasterio y su posterior santidad, así lo confirman. En cambio la mentalidad del homo oeconomicus capitalista se caracteriza por la buena conciencia con que atesora el dinero. Max Webber dirá que hay ahora “una sanción ética positiva”, es decir, un estilo de vida que se entiende no solo correcto, sino “recomendado en nombre del deber”. Continuar leyendo “Los demonios de la economía andan sueltos”

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Los demonios de la economía andan sueltos

El demonio del rendimiento

La historia del rendimiento, que comenzó hacia el año 7000 a.C. con la cultura megalítica, después de sufrir no pocos altibajos, ha culminado en la actual “sociedad del rendimiento”.

En un principio, “sociedad del rendimiento” se contraponía a “sociedad feudal”. Si en ésta era el nacimiento quien decidía el lugar social que ocuparía cada uno, en la sociedad capitalista es el “rendimiento” de cada cual quien determina su posición.

La laboriosidad, por ejemplo, aparece considerada por primera vez como una virtud importante en la ética de Arnold Geulincx, en el siglo XVII. Antes era una virtud más bien secundaria. Los artesanos de Jena -escribió Goethe– tenían “casi siempre el sentido común suficiente para no trabajar más que lo preciso para llevar una vida alegre”. El capitalismo, en cambio, elevó el trabajo a sentido de la vida. Los minutos empezaron a tener valor. De Benjamin Franklin procede la famosa frase “el tiempo es oro“.

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Comparadores de precios de supermercados online

 En estos tiempos de crisis, cuando todos evaluamos más los gastos en los que incurrimos para tratar de disminuirlos, se ponen de moda una serie de negocios que quizás no tengan tanto éxito en épocas de bonanza económica.
 Los sitios web dedicados a comparar precios de supermercados online es un claro ejemplo de ello. Su objetivo es ayudar a conseguir el mejor precio para la cesta de la compra, así como ofrecer, como consumidores, una manera más sencilla y entretenida de realizar la compra ahorrando en la misma.
 Esperemos que cumplan su objetivo de abaratar nuestras compras: tanto por poder efectuar directamente la adquisición de artículos como por el fomento de la competencia entre las superficies comerciales.
 Veamos algunas de las más importantes que existen en la actualidad.
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